El interior de este primer refugio se describe enseguida:
En el entresuelo, tras subir dos escalones irregulares, se entra en primer lugar a un pequeño vestíbulo. El muro de la derecha está ocupado por una chimenea inmediata a la puerta y luego por un pequeño fregadero, encastrado algo más lejos en el espesor del muro. Según Léon Despaux, había al fondo dos camas literas, mientras que el Abbé Gaurier habla de una banqueta de cemento. Hay que señalar que esta segunda solución de la banqueta sigue existiendo en el valle de Lutour, en el refugio Russell. La pared de la izquierda está atravesada por una puerta en el centro. Esta primera parte es el refugio de invierno, nunca cerrado si no es por un simple pestillo.
El segundo cuarto, que constituye la parte principal del refugio, es a la vez cocina y comedor y está iluminado por dos ventanas que se abren hacia el Sur. En la pared oeste, frente a la puerta de entrada, hay un nicho que hace de despensa (cerrado por un panel abatible que sirve de encimera) y en el rincón N-O una gran chimenea con campana saliente. El mobiliario se compone de mesas y bancos. En último rincón, a la derecha y tras la puerta de entrada, una escalera de hierro permite subir al dormitorio.
El dormitorio ocupa todo el piso y tiene dos plataformas de cemento frente a frente: dos ventanas en los muros iluminan esta alcoba bajo el culmen del techo; colchonetas de crin, almohadas y mantas permiten descansar a una quincena de personas.
El padrino de este refugio inicial fue Paul Eduard Wallon (1821-1895), eminente historiador, geógrafo , escritor y conferenciante, autor del mapa en relieve del Ayuntamiento de Cauterets, con cuyo nombre se bautizó el refugio. Como encargado del mismo fue nombrado M.Rubén Pantet por al C.A.F. desde que quedo abierto. Ruben fue guardián durante 30 años, hasta su muerte en 1940. Acogedor, alegre, instruido, filósofo pero siempre en la brecha a cualquier hora, noche y día, animó el Marcadau durante todos estos años y dejó un gran recuerdo.
En 1922-23, el edificio primitivo se prolonga hacia el oeste, con una gran sala iluminada también por tres ventanas en el lado Sur, una cocina de fortuna adosada al edificio en su lado Norte y un nuevo dormitorio en el alto, al que se denomina "dormitorio de señoras" (rep.2). Las dos salas del entresuelo se comunican por una abertura que se hizo aprovechando la antigua despensa; por eso es tan bajo el dintel y por eso nos damos hermosos coscorrones cada vez que pasamos.
Durante la siguiente década, el T.C.F. llevó dos nuevas fases de construcción: Al Este del viejo refugio y alineado con él, pero separado, aparece un primer edificio de dos plantas en 1931-32 (rep.3) y después otro en 1938-39 (rep.4) con dos grandes salas en el bajo, alcobas en el primer piso y dormitorios en los desvanes. Este nuevo edificio se llamará la hostelería, luego el hotel y finalmente el chalet del Marcadau, para distinguirlo del pequeño refugio Wallon, anticipando ya el cambio de época que se produce cuando el rudo montañero se convierte, veinte años más tarde, en excursionista. Alfred Pantet, que era ayudante de su padre desde hacía mucho tiempo, continuó siendo el guardián a su muerte, con su esposa Maite, su hija, la rubia Susana y su joven hijo René, que se dedicó al aprovisionamiento, desde Cauterets con la camioneta aparcada en Pont d'Espagne y con mulos hasta el Marcadau, ostentando el record indiscutible del recorrido. Luego, René se casó, su mujer Solange se integró en el clan Pantet, lo que no sobraba ante la creciente afluencia de la posguerra. Alfred tuvo que instalar en el Plaa de la Gole grandes tiendas blancas, provistas de colchonetas y bautizadas, de las que la más célebre fue la tienda del "tío Pernod".
Así era el chalet-refugio al principio de los 50. En temporada baja, Alfred, el "hostelero padre" ocupaba sus ocios pintando y dibujando. Dos de sus dibujos a plumilla, "El macizo del Vignemale" y "El pico del Midi d'Ossau" adornan las paredes de la sala de estar. En los años siguientes se continúan las mejoras y ampliaciones.