VIVENCIAS
MILAGROS EN LAS CUMBRES Y OTRAS VIVENCIAS
Francisco Gómez Mármol
   Escribía yo en el Boletín Ozanam nº1559 de septiembre-octubre de 2003, las vivencias de una celebración en las alturas, en una cumbre del Pirineo; pues bien, quisiera ahora, a partir de esta cumbre, así como de otras, relatar aconteceres y vivencias de personas que, como yo, sintieron la llamada de la montaña y que han sido testigos por su fe, conociendo muy de cerca hechos que bien pudieran denominarse “milagros en la cumbre".

     El primer “milagro”, yo no dudaría en calificarlo así, como no dudaron otras personas tiempo atrás, tuvo lugar en esta cumbre de la Grande Fache, cumbre que tiene 3.006 mts. de altitud y está a caballo entre España y Francia; pues bien, una montañera de Tarbes sobrevivió milagrosamente, tras pasar la noche entre sus rocas, con una temperatura bajísima y malherida a causa de un accidente junto al cadáver de su marido, donde implorando a la Virgen de las Nieves, esta mujer obtuvo su protección, sin duda alguna, en este trágico accidente.
falleció en enero de 1997 a los 70 años de edad). Y ya en esta época, por las primeras nieves que cubrían parte de la montaña pero sin ofrecer dificultad alguna, estas cuatro personas alcanzaban la cumbre, disfrutando del enorme espectáculo que, en rosario interminable de cumbres, ofrecía de casi todo el Pirineo. Un poco más tarde, con toda precaución y encordados iniciaron el descenso, sortearon los tramos más peligrosos y, ya libres de ataduras, cuando todo parecía ir bien, Marie Chevalier da un traspiés deslizándose hacia el abismo, pero la rotura de su piolet hizo que la parte que llevaba atada a la muñeca frenase la caída, quedando suspendida al borde del precipicio. Sus compañeros lograron llegar junto a ella, salvándola y llevándola hasta el collado. Fue un milagro patente, de nuevo la Virgen de las Nieves oyó la plegaria de sus hijos, quienes prometieron colocar su imagen en la cumbre el año próximo. Así lo hicieron, creándose además la Asociación de amigos de la Grande Fache.
    El segundo milagro fue un 4 de octubre de 1941 y en plena Guerra Mundial: cuatro montañeros franceses alcanzaron la cumbre de esta misma montaña. El grupo estaba formado por el matrimonio Chevalier, un hermano de ella y Vincent Petty, joven diácono que además era quien les guiaba (años más tarde, el que esto escribe tuvo la suerte de conocer a Vincent Petty en aquella, para mí, inolvidable peregrinación que realicé a la Fache. En otra ocasión lo visité en Lourdes, de él conservo un gran recuerdo: fue el alma de la Asociación Amigos de la Fache;
            Y en su sesenta aniversario, en agosto de 2002, aconteció el tercer “milagro” en esta montaña donde la Virgen ya entronizada presidió como Reina y Señora de las Alturas. Fue una extraordinaria celebración en la cumbre, la misa concelebrada por el Obispo auxiliar de Marsella, dos sacerdotes franceses y dos españoles, asistiendo cerca de un centenar de montañeros. Después vendría el regreso, con el descenso por la arista que es la bajada normal de la cumbre pero siempre peligrosa, en la que hay que tomar las debidas precauciones. Mas así y todo, una persona cayó, precipitándose por dicha arista ya en el último tramo, rodando muchos metros hasta que paró a poca distancia del collado.
          Corrieron hasta él los que le vieron caer, un médico y dos sacerdotes españoles. Al accidentado prácticamente se le veía morir, por ello le administraron los auxilios espirituales correspondientes y ya, a partir de ese momento, se procedió a la emergencia del rescate y a buscar los medios para el traslado del herido. En este caso, se le trasladó en helicóptero, todo con la rapidez propia de estos casos y gracias al sacrificio de las personas que bajaron en busca de esa ayuda. Unos días más tarde se supo que Mr. Jean Mastias, el accidentado, había sido trasladado a un hospital y que después de ser examinado se comprobó que no tenía ninguna lesión importante, ni un solo hueso roto, inexplicable que a una persona de 76 años, después de la caída tan brutal, no le hubiese pasado prácticamente nada: la Virgen de las Nieves, de nuevo, no había abandonado a uno de sus hijos, que con fe había implorado su auxilio. Este fue el tercer milagro acaecido en esta montaña.