El 22 de mayo de 2002, el mundillo de los montañeros rendía un nuevo homenaje a Georges Ledormeur. Cincuenta años antes, en el día de... La Ascensión, Georges salió a hacer su última cumbre. Este aniversario nos brinda la ocasión de recordar que fué amigo nuestro, "amigo de honor" desde la fundación de nuestra Asociación. No hace falta presentar a Georges Ledormeur, cuyo montañismo tenía un matiz diferente al de nuestros primeros presidentes, pero con la misma pasión devoradora, en la época heroica en la que las marchas de aproximación se hacían a pie y había que comenzarlas de noche, suprimiendo el sueño entre sábado y domingo para ganar tiempo, lo que le valdrá el muy irrespetuso mote de "Marchaorevienta". Su fama era ya legendaria, lo reclamaban como suyo muchas sociedades como el C.A.F., G.H.M., G.P.H.M., G.S.T., T.C.F. etc, fue citado y biografiado en vida por los medios y en libros como el que escribió el Dr. Charles Prunet, Presidente de la Sección para el Alto Pirineo del C.A.F. de Tarbes con el título " Georges Ledormeur, cincuenta años de pirineismo".
Es sabido que Ledormeur es autor de una obra gigantesca, cuyos dos florones son la Guía y el Mapa de los Pirineos Centrales, que no faltaban en la mochila de ningún montañero de los años 40-50. Naturalmente, como recordaba Vincent Petty en 1952 en un largo memorial, el palmarés de Ledormeur es asombroso: 6.300 fotos, 1.800 dibujos, 1.000 artículos de periódico, 50 conferencias, 2.500 excursiones, 1.500 picos, 120 tresmiles, 530 itinerarios de ascensión, extensa correspondencia con los principales pirineistas. También deja su memoria en el nombre de una punta de 3.000 m. junto al Pico Schrader y en el refugio del Balaitús, construido según diseño suyo. El Balaitús era su cumbre mítica: lo subió por última vez para celebrar su 80 cumpleaños en 1947, citando allí a sus amigos para celebrar su centenario. Es, en resumen, un hombre de mérito reconocido, colmado de títulos y honores.
Para nosotros, Georges Ledormeur queda sobre todo en nuestros corazones como un amigo sincero y fiel, de una sencillez increible, asociada con un buen humor natural y con su necesidad de esforzarse al máximo para agradar a todo el mundo. Gracias, George, pionero de un pirineismo que quizás no está obsoleto. No te olvidamos: reposas en paz, al pié de las montañas, en el rincón de montañeros célebres del cementerio pirineico de Gavarnie (*), a donde vamos a menudo a visitarte.
Este George, desde luego, ¡menudo tío!
(1) Como recuerda con emoción Denise Doubrère en un bonito homenaje a su abuelo, publicado en eñ nº97 de la "Revue Pyrénéenne" de enero 2002. Fué llevado allí eel 24 de octubre de 1954