AVENTURA EN LA MONTAÑA
Conchita Ríos Aragüés
Hacia el año 1950, cuando se acercaba la fecha de la fiesta del Pico de la Fache, los amigos de la montaña que estábamos en el Balneario de Panticosa organizamos una excursión para acudir hasta allí, pero pasando antes unos días con nuestros amigos franceses en el Refugio de Wallon.

El plan era el siguiente: Un grupo de cinco o seis montañeros iríamos directamente a Cauterets, donde nos había buscado alojamiento un amigo francés para pasar la noche. Allí, al día siguiente, nos encontraríamos con otro grupo igual que llegaría al pueblo después de haber subido al Vignemale el día anterior y una vez reunidos, subiríamos todos juntos a Wallon.

Teníamos que cruzar la frontera dando un enorme rodeo por los ibones de Brazato, el valle del Ara y el collado del Arratille para burlar la vigilancia que los carabineros españoles tenían instalada en Bachimaña. Cargamos las mochilas bien temprano y chino chano tomamos el camino de la Fuente del Estómago hacia Brazato.
Solo íbamos dos chicas, mi hermana Mª Esperanza y yo, con nuestros dos hermanos Jose Ignacio y Fernando. No quiero nombrar al resto de los expedicionarios por miedo a olvidar a alguno. Al llegar al collado de Brazato nos separamos los dos grupos para seguir cada uno con el plan previsto.
Los del grupo de Cauterets nos quedamos a dormir esa noche en Wallon y al pasar al otro día por Pont d'Espagne vimos que había gran cantidad de gendarmes. No nos extrañó, porque ya sabíamos que recientemente habían asesinado en la zona a una familia inglesa que hacía acamapada por libre y suponíamos que la frontera estaría vigilada. Sin ningún incidente, seguimos por la carretera hasta nuestro destino, encontramos a nuestros amigos y nos dedicamos a pasear y a ver como jugaban en un mini-golf que creo que todavía existe.
Dos de nuestro grupo eran cadetes de la Academia General MIlitar de Zaragoza y llevaban sus botas reglamentarias, que acaso por ser muy parecidas a las del ejército alemán, llamaban mucho la atención. Creo que esa fue una de las principales razones de que cuando estábamos viendo jugar al golf nos pidieran "les papiers, s'il vous plaît" pero claro, de "papiers" nada.
Nos llevaron a Comisaríacon el consiguiente susto,pensando en lo que nos podía pasar. Hacíamos de intérpretes nosotras, que sabíamos más francés que los chicos, y poniendo cara de inocentes (cosa que éramos) tratábamos de convencer a los gendarmes de que éramos estudiantes y que solo queríamos hacer montaña y subir a la reunión anual de franceses y españoles en el Pico de la Grande Fache .
Los gendarmes llamaron a sus superiores de Tarbes para ver que hacían con nosotros y menos mal que dispusieron que nos acompañaran a Wallon aquel mismo día, para hacernos salir al día siguiente hacia España. Se nos quitó un gran peso de encima y como estábamos muertos de hambre, sacamos allí mismo nuestras provisiones y comenzamos a dar buena cuenta de ellas. ¡Que buena estaba la tortilla de patata!. Que conste que a los gendarmes les ofrecimos compartirla, pero dijeron que no, creo que con la boca pequeña.

A todo esto, se estaba haciendo tarde y los del Vignemale debían estar a punto de llegar para reunirse con nosotros, por lo que decidimos alquilar un autobús para subir a Pont d'Espagne, seguros de que los encontraríamos en el camino. Así fue: ya casi de noche los vimos por la carretera cansadísimos, paró el autobús y acudieron encantados, alabando la buena idea que habíamos tenido de subir a buscarles. ¡Su gozo en un pozo! Menudo susto se dieron al ver a los dos gendarmes sentados junto al conductor y al saber que teníamos que subir directamente a Wallon para seguir camino hacia España.
Recuerdo que el camino de Pont d'Espagne a Wallon lo hicimos de noche y con linternas y que era bien pasada la media noche cuando llamábamos a la puerta del refugio, con gran susto del guardián Mr. Pantet al vernos llegar con los gendarmes. Se encendieron las luces, salieron a recibirnos nuestros amigos (entre los que recuerdo a la Marraine Germaine, Nicole, Vincent Petty etc.) y al fin nos acostamos bastante cansados a esperar el nuevo día con el anuncio de los gendarmes de que debíamos salir nada más amanecer...

Amaneció, pero con una niebla tremenda. Desayunamos y los dos gendarmes, que debían estar de nosotros hasta el gorro, nos dijeron que había que emprender el regreso a España. Nuestros amigos nos habían dicho que en cuanto se marcharan los gendarmes de vuelta, izarían una bandera española, lo que sería la señal para volver al refugio. Pero... ¿cómo conseguir que se marcharan y nos dejaran solos lo antes posible?

La genial solución vino de uno de los del grupo del Vignemale, que le pidió a uno de los gendarmes, con mucha educación, que le llevara la mochila porque tenía los pies hechos polvo y con muchas ampollas. El gendarme lo miró perplejo, pero se cargó la mochila sin decir nada. Eso sí, a los cinco minutos nos dijeron que si ya sabíamos el camino, podíamos seguir solos hacia España. Les dijimos que desde luego que si, pero que con esa niebla el camino era peligroso etc.

Se fueron los gendarmes y nos refugiamos en la cavidad de una roca esperando la señal. Poco tiempo después, llegaron nuestros amigos; recuerdo especialmente a L'Abbé Bousonet, Jean Heurlevin, el Capitán Ives Heuvert (que murió en Dien-Bien-Phu). Volvimos al refugio para pasar con ellos unos excelentes días que todos recordamos con cariño y nostalgia.
Pasados unos años, mi hermana y su marido, Ingeniero de Caminos, tuvieron que ir a Cauterets por motivos de trabajo. Hablaron allí con un gendarme al que contaron su aventura, y éste decía recordar todo aquello. Seguro que era uno de los que nos acompañaron en la excursión nocturna...
¿Sería el de la mochila?