peregrinación  2011   pérégrination
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Setenta años de peregrinaciones a la Facha

        La preparación de la ascensión a la Gran Facha del 5 de agosto lleva siempre tiempo. Unos meses antes han de reservarse las plazas en el refugio, hay que ponerse en contacto con los franceses que acostumbran a subir, se deben preparar las canciones que se cantarán en la velada, hay que  concretar con los españoles que tienen previsto participar, y muchas cosas más, pero al final todo queda preparado y el día 4 a primera hora de la mañana un grupo de montañeros partimos con ilusión y preparados para la gran marcha.
    
       Este año, salimos de Huesca en una furgoneta con seis jóvenes de Huesca y Barbastro hacia el Balneario de Panticosa. Antes de las 10 de la mañana ya estábamos ascendiendo por las márgenes del río Caldarés hacia el ibón de Bachimaña. El repecho del Fraile es siempre costoso, pero lo superamos con rapidez y cuando llevábamos algo más de dos horas de marcha nos detuvimos a almorzar en la cabecera del ibón. Reiniciamos después la subida superando los ibones de Pecico y llegamos al collado de Marcadau, la frontera antes de las 2 de la tarde. Allí comimos y descansamos un buen rato. El día era esplendoroso. Ninguna nube se veía en el cielo inmensamente azul. ¡Quién nos iba a decir lo que nos vendría al día siguiente! El descenso al refugio de Wallon fue tranquilo y ya en su cercanía nos refrescamos con un sabroso chapuzón en las aguas frías del río.
     
      Allí encontramos a nuestros amigos franceses: Jean Marc, Marie Bernardette, y tantos otros. Siempre es grato este encuentro anual entre los que somos más fieles a esta peregrinación. Algunos de los habituales faltaban; los años no pasan en balde. Entre tanto, l'abbé Merillon había preparado todo para la Santa Misa que tendría lugar a las 6 de la tarde. La pequeña capilla se llenó de personas, casi todos francés, pero también algunos españoles. Además de nuestro grupo, por Pont d'Espagne habían subido otros. A todos nos alegró encontrar allí a Alfonso Sicar. La ceremonia fue toda en francés y muy participativa. Los franceses nos dan lecciones, sobre todo en los cantos. En el cielo y cubriendo el Vignemalle y otras montañas, veíamos unas desafiantes nubes que no presagiaban nada bueno. Pasamos después al refugio donde tuvimos una suculenta cena y después , como el pasado año un grupo de vascos franceses iniciaron unas canciones en las que todos participaban, pero sobre todo uno de ellos, que cantaba con notable fuerza. Los españoles, mucho más modestamente, fuimos alternando las nuestras . Asturias patria querida, Clavelitos, Pantaleón, fueron algunas de ellas, muy aplaudidas, quizá por cortesía por nuestros compañeros franceses. A mitad de una de ellas,  llegó Mons. Jesús Sanz, arzobispo de Oviedo que venía expresamente desde Asturias. Era la quinta vez que participaba en esta peregrinación. Fue recibido con entusiasmo. A las 21,30 acabamos la velada con una oración a la Virgen. No tuvimos este año procesión a la ermita y acto penitencial.
   
       El día 5 amaneció aceptable. Después de desayunar partimos del refugio antes de las siete con buena temperatura. El ascenso, de ochocientos metros lo hicimos con la tranquilidad que una ascensión de esta categoría requiere. La fila de montañeros era muy larga y todos ascendían en silencio. Nos sorprendió no tener que pisar nieve en ningún momento. El pasado año tuvimos que cruzar dos extensos neveros. Antes de las 9,30 los que habíamos partido de Wallon nos encontrábamos en el collado. Hacía bastante frío y ya en el ascenso nos habían caído algunas gotas.  Allí debíamos esperar a un grupo de españoles que ascenderían por la vertiente española y que habían pernoctado en el refugio de Respomuso. A la vista del tiempo, se decidió que la Misa sería en el collado. Ascender a la cumbre parecía temerario. En la vertiente francesa, ligeramente protegidos del viento se instaló el altar y en una roca muy próxima dos bastones cruzados formaban una cruz que presidió la ceremonia. Los españoles, entre ellos cuatro sacerdotes, llegaron con retraso y la celebración comenzó alrededor de las 10 de la mañana. Presidió Mons. Jesús Sanz, y concelebramos otros cinco sacerdotes, tan sólo uno francés, l'abbé Merillon.     A los pocos minutos comenzó a llover. Nos protegimos todos como pudimos y un gran paraguas  prestó un enorme servicio. No obstante se pudo tener después la bendición de material de montaña y la ceremonia civil. Se desaconsejó ascender a la cumbre, aunque algunos iniciaron la subida, entre ellos María Pilar Balet.
   
        Nuestro grupo, encabezados por Pepe Sancho, iniciamos el descenso por la ladera francesa para dejar en un momento el sendero que lleva al refugio y dirigirnos hacia el puerto de Marcadau, para lo que tuvimos que ascender unos 200 metros. Poco después de las 12 llegábamos a la frontera, y tras descansar un rato, varios de nuestro grupo, a la vista de que no habían hecho ninguna cumbre decidieron ascender al Pico Marcadau. Otros les esperamos en el collado. Continuamos después descendiendo hacia Bachimana y comimos muy cerca del ibón con baño incluido. El tiempo, aunque inestable, parecía respetarnos. Cuando descendíamos hacia Panticosa la lluvia ya no perdonó y cayó sobre nosotros con mucha intensidad, pero no nos preocupó. Aunque no habíamos alcanzado la cumbre de la Gran Facha, habíamos cumplido una buena parte de nuestro objetivo: la reunión de montañeros franceses y españoles y las correspondientes celebraciones. El año que bien lo volveremos a intentar y ojalá sea con mayor éxito


                            Pedro Estaún
                            6-VIII-2011